La definición de “amar” que más me ha marcado a mí es la de “dar de lo poco, todo”. Desde que la escuché ha sido mi referente a la hora de pensar en este tema tan manido y tan importante, y hoy mucho me temo que voy a escribir acerca de ponerlo en práctica en la vida real, con un amor no teórico sino real y con una persona no ideal sino… sí, efectivamente, MUY real.
En toda pareja hay disidencias, encontronazos, discusiones fuera de tono (por uno y por otro lado) y hasta rupturas temporales. Suele ser lo común, pero la verdad es que es de alegrarse que ocurra todo eso. Aprendemos, vivimos, sentimos, pensamos… el dicho que dicta “lo mejor de las peleas es la reconciliación” cobra un nuevo sentido cuando amas a alguien y discutes con él o ella.
Sin embargo, hay algunas de estas discusiones que son punto de inflexión. No tratan precisamente de cómo llamar a ese hipotético hijo que hipotéticamente tendríamos si hipotéticamente nos casáramos en algún hipotético día: trata de qué hacer con los padres si no saben que estamos saliendo, o qué decir cuando una amiga común está mal con uno y trata de mejorar con la ayuda del otro, o qué decidir cuando hablamos de entrega sin miedos y sin metas aquí y ahora.
Para los primeros meses de la relación no hace falta más que vivir el momento y no hacer cosas que tú, simplemente, no quieres hacer. O más bien crees que no quieres hacer. Pero cuando vivís momentos, os dáis cuenta de cosas que en verdad sentís y el corazón empieza a latir a ritmo de salsa cuando el otro os mira a los ojos en cualquier momento… entonces ya la cosa cambia. No se trata sólo de palabras bonitas, de besos apasionados y sinceros, de consejos de amigo y de miradas de enemigo amoroso.
Ya empiezan a juntarse líneas de vida y si alguno de los no lo evita empezaréis a vivir en otra realidad. Pero para meterse de lleno en ella hace falta una cosa: determinación y compenetración. Uno puede ir a remolque en unas cosas, otro en otras diferentes pero al final cuando entráis en ese punto de “mixing up” hay que superar puntos en todas ellas.
Ahora no llegamos a que amar es dar de lo poco todo, no: ahora partimos de que amar es dar de lo poco que somos, todo. Los miedos existirán, pero la voluntad es más fuerte: no en vano el amor es la fuerza más poderosa de este maravilloso universo (o en palabras de la película Moulin Rouge, what a wonderful world). No podemos continuar dando de lado nuestras perspectivas por aspirar a ser absolutas: cuando viene una intuición que corta de raíz con lo que antes se había pensando, préstala atención. Si es una intuición que nace no del egoísmo, ni del interés vano, ni de ningún valor mundano sino que nace de una consciencia de amor pleno y sincero, haz caso.
Entregar todo es difícil, pero no imposible. Confiar en ello es difícil, pero no imposible. El mundo es una caja de sorpresas, y a mí ahora se me viene una pregunta a la cabeza: ¿por qué no ser?
No metas el pie en el río y te quedes ahí parado: zambúllete, nada, disfruta, sumérgete y escucha el rumor del agua que abre caminos en vez de esperar a que se los abran. Dios te ama. Nada es imposible para Ti, reza una canción de la Hermana Glenda. Menos palabras… y más vivencias. No hagas locuras: ni te dejes llevar por tonterías, ni dejes escapar la belleza de la vida.
Para Stephanie, a quien amo y quien me hace feliz y siempre me enseña.