Voy a colgar una reflexión que hice el 31 de julio del 2007 en una de estas noches en que la mente se dispara y las palabras surgen como torrente para expresar inquietudes profundas. Creo que leerlo puede ayudar a algunas personas que estén un poco “perdidas” en el tema de la soledad amorosa, porque al fin y al cabo forma parte de mi experiencia y yo estuve muy perdido jejeje. Espero que de verdad sirva de algo a quien lo lea.
Hoy, escuchando una canción de Céline Dion, me he dado cuenta de una cosa. Durante todo este tiempo, desde que me di cuenta de lo real que fue mi amor hacia Elena hasta ahora, he creído que era el amor hacia esa una persona lo que te hacía dar esos pasos que al cabo de un tiempo observas como aparentemente incausados pero que han dado forma a la persona que en ese momento observas cuando te preguntas quién eres. He estado tan convencido que hubo una etapa en la que vivía desesperado, anhelantemente buscando un amor como aquél que me diera un sentido más pleno a mi vida.
Esta búsqueda ha estado siempre centrada en la otra persona: qué es lo que ella me provoca, qué es lo que ella sentirá, qué es lo que ella estará haciendo, qué es lo que ella pensará, qué es lo que ella esperará que yo haga… Sin embargo, y a pesar de la constancia en mis investigaciones, no he vuelto a sentirme tan feliz, tan lleno, tan “perfecto” como me sentía cuando realmente estaba enamorado. ¿Y por qué? Es simple: yo pensé que lo que me hacía estar así era la otra persona; las respuestas que daba ella a las preguntas de antes eran lo que me hacía levantarme cada mañana. Y por eso no me he sentido enamorado desde entonces: no había una “ella” que diese respuestas a esas preguntas. Y no cualquier respuesta, por supuesto, sino MI respuesta, porque ellas eran el criterio que seguía a la hora de decir: “vuelvo a estar enamorado”.
Esta simplicidad en la causa de mi vamos a llamarlo “vacío amoroso” es lo que me provoca sorpresa por no haberme dado cuenta antes de todo esto. He estado varios años de mi vida navegando sin rumbo con un norte que apuntaba a ningún sitio, y debido a esto preveo un comienzo bastante lento de vuelta a la realidad.
Pero de todos modos, creo que lo bueno es que me he dado cuenta, ya que el cómo y el cuándo no me corresponde a mí decidirlos (gracias Roge). Ahora tengo una potente arma para no caer en el escepticismo de esta sociedad con respecto al amor, y también para vivir mi vida de una manera más mía, más plena, y más de todos. He aquí el arma: Amar depende de ti, amar es un verbo que primero hay que conjugar en primera persona y del singular, para después poder hacerlo en el plural. Amar no es una reacción a nada, sino que es el motor que debe mover primero tu vida y, más tarde, el mundo entero.
¿Consecuencia más próxima? Una esperanza: la contestación a la respuesta que media humanidad busca en los más eruditos fondos sin darse cuenta de que es algo tan dinámico que deben buscar en lo evidente primero para después ir ampliando horizontes. ¿Cómo saber si estoy enamorado de verdad? Pienso que la respuesta no se describe al principio con palabras, sino que más que una afirmación o un razonamiento es una vivencia: cuando aprendamos a darnos sin límites, a amar porque sí, a sonreír porque estoy verdaderamente feliz, y esto lo hagamos con cada persona que nos encontremos, entonces estoy convencido de que nos daremos cuenta de si estamos verdaderamente enamorados o no. Así es como yo he ido encontrando a mis amigos, y me parece que no lo he hecho nada mal. Así es también como he ido eligiéndolos: al final sólo me he quedado con aquellos que me han dado respuestas que a mí me gustan a las preguntas que yo les hacía, porque este era mi criterio para darme totalmente a él o a ella. Esta es la causa, pues, de las “enemistades”, de no ser amigo por naturaleza de todas las personas que me dan la oportunidad. Esto es el reflejo del hecho comprobado de mi alta exigencia: o se amoldan a mí (o contestan bien a las preguntas) o nada, porque yo no me amoldo a ellos.
Mirando la conclusión, también observo concordancia con el mensaje de Jesús, y eso sin duda me hace ver que voy por el buen camino: Jesús predicó el amor como motor del mundo, y esto sin duda forma parte de la línea que esta predicación dibuja en nuestras vidas. El Reino de Dios, que para mí es el vivir todos en Dios Amor, es decir, todos vivir amando, se construye (al menos en parte) de esta manera: amando. Cuando haya 1 que ama, otro lo seguirá, y así cuando otros sigan a estos dos, y más sigan a éstos, poco a poco todo el mundo seguirá a los que aman, y todos amarán. Así es como Dios hubiera dicho a Abraham que perdonaría a la ciudad aun y habiendo un sólo hombre justo. Y así es también como perdona nuestros pecados: nos empuja hacia el amor dándonos el suyo; y así es como salva a todos en la cruz: dándose completamente, dando de lo poco que en esta Tierra tuvo, todo.
Me produce curiosidad leer estas líneas ahora, más de un año después, porque además como que se cumple lo que yo más o menos predecía en cuanto a mi vida. He vivido cosas que reafirman lo que antes escribí, y me alegra ver que mi pensamiento no se desvía de lo que mi ser vive. Es interesante ver lo que pensamos antes de vivir ciertas cosas intrínsecamente relacionadas con este pensamiento.
Hola… Muy buen mensaje; me ha servido en estos momentos para darme cuenta de algo que en cierta forma sentía y también otra cosa que buscaban, están dentro de mí. Y mucho más porque en estos días y especialmente el día de hoy he decaído por momentos en tristeza, y he aprendido a superar lo que me atormentaba.
Aunque creo que en tu escrito falta decir, la aceptación a “todos” los demás independientemente del pensamiento que tengan y si éste va conmigo. Es amar a todos y valorarlos por lo que son.
comentario por Jorge — Miércoles 17 Septiembre, 2008 @ 10:18 pm