Folium Rafa

Domingo 11 Mayo, 2008

La química del amor

Archivado en: Amor y pareja — Rafael Gálvez Vizcaíno @ 3:06 pm

Estos son los apuntes de un video que vi acerca de la química del amor que me gustó bastante porque aclara muchas cosas y es muy interesante saberlas bien. Transcribo y después comento.

Aumentan los niveles de:

  • Dopamina.­ Estimulante que produce plenitud, euforia, cambios de humor. Favorece el aprendizaje de estímulos novedosos: miramos a la otra persona como algo único, y nos provoca que nos fijemos. Este estimulante se relaciona con la motivación y con las conductas orientadas a alcanzar un objetivo concreto: por eso tratamos de buscar cosas que nos hagan parecidos a la otra persona, nos pasamos del pop a Mozart, o incluso cambiamos la manera de vestir. Ante la percepción de adversidades, los niveles de dopamina aumentan todavía más, y los sentimientos se intensifican (efecto Romeo y Julieta).

  • Noreprinefrina.­ Aumenta la capacidad de recordar estímulos nuevos: provoca que nos acordemos de momentos recientes y de detalles ínfimos que hemos vivido con la otra persona.

Ambos nos ayudan a focalizar nuestra atención.

Disminuyen los niveles de:

  • Serotonina.­ La disminución de niveles provoca un pensamiento obsesivo.

Así como el chocolate, el amor romántico es adictivo. De hecho, parece ser que el chocolate estimula partes del cerebro que también lo hace el amor romántico. Pero la adicción produce obsesión, produce cambios de personalidad, produce euforia, ansia, distorsión de la realidad, dependencia física y emocional… Al final acaba uno diciendo: no puedo vivir sin ti. Y es que todas las adicciones importantes están asociadas con altos niveles de dopamina. Las exploraciones neurológicas lo corroboran: las regiones que se activan al consumir cocaína u opiáceos son las mismas que las de un cerebro enamorado. Es el sistema de recompensa: aquello que nos anima y estimula a conseguir aquello que anhela nuestro cerebro.

Estas tres sustancias favorecen la producción de testosterona: de ahí el apasionado deseo sexual. No es de extrañar que la pareja se pase la noche acariciándose.

¿Y al revés? ¿Puede provocar el impulso sexual la aparición del amor? No necesariamente, pero puede ocurrir. La actividad sexual puede provocar la liberación de dopamina y noreprinefrina.

La antropóloga entrevistada cree que el amor romántico es el impulso verdadero porque emana de este cerebro primitivo del que habló antes y es más fuerte que el impulso sexual. Cuando estamos locamente enamorados queremos irnos con nuestra pareja a la cama, pero lo que realmente queremos es establecer una unión emocional. Cuando nos acostamos con alguien a quien no amamos, no nos importa realmente si se acuesta con otros. Cuando nos enamoramos pasamos a ser realmente posesivos (“vigilancia de la pareja”).

Con la obsesión, cualquier signo de desatención provoca en nosotros una tremenda cascada de inseguridades cuyo mayor exponente son los celos. Los celos en el hombre y en la mujer son diferentes:

  • Hombres.­ Temen una infidelidad sexual por el miedo ancestral a criar unos hijos que no sean suyos, que no sirvan para la supervicencia de sus genes.

  • Mujeres.­ Temen una infidelidad emocional: que el hombre la abandone. Esto se debe al miedo ancestral a quedarse sola para el cuidado y la cría de la descendencia.

Reacciones:

  • Hombres.­ Tienden a reaccionar con violencia y a sentirse ultrajado.

  • Mujeres.­ Tienden a autoculpabilizarse y a preguntarse qué ha hecho mal.

Cuando esa obsesión hace presa de nosotros, los niveles de dopamina alcanzan regiones del cerebro donde se genera la motivación para obtener recompensa. Por eso, cuando la recompensa se retrasa, los productores de dopamina se prolongan su actividad, los niveles ascienden y la motivación cobra más fuerza. En los centros de la corteza prefrontal es donde se evalúa la recompensa. Si la señal de la recompensa tarda en llegar (la llamada al móvil, por ejemplo), las señales se enviarán a la amígdala y se desencadenará la ira. De esta manera, el amor y el odio están íntimamente conectados en el cerebro. Producen los mismos síntomas y ponen en actividad las mismas sustancias químicas. Por eso nos resulta tan fácil odiar a la persona amada que nos ha abandonado. Es sólo un juego de sustancias químicas donde los límites son muy frágiles.


La indiferencia es lo contrario al amor y al odio. Hacemos las dos últimas cosas a la vez, y aquello por lo que suspiramos es la indiferencia.

Con la ruptura llega una tristeza enorme: ¿por qué ocurre eso? El ser humano se rinde. El cuerpo humano, químicamente, no puede permitirse un desgaste tan grande. La ira nos abandona y nos resignamos a la pérdida. De nuestra lucidez y de nuestras valoraciones dependerá una resignación más o menos dolorosa. Cuando nos damos cuenta de que la recompensa no llegará, las células productoras de dopamina disminuyen su actividad. Unos niveles bajos de dopamina se asocian al abatimiento y al letargo. Cuando los niveles son bajos durante un tiempo prolongado, éstos acaban por estar por debajo de lo normal, y se produce la depresión. Un mecanismo catáltico para empezar de cero. Estamos diseñados para sufrir cuando nos falla el amor. Sólo el tiempo nos sacará de la angustia y la depresión.

Tras la borrachera bioquímica del amor, el cuerpo y la mente deben recuperarse. Si nos pasáramos toda la vida enamorados, no tendríamos ni la atención ni la energía necesaria para hacer nada más. Por tanto, es necesario que se acabe. El hipotálamo, una glándula que se encuentra justo debajo del cerebro se encarga de poner orden: segrega dos sustancias, la vasopresina y la oxitocina, que son las responsables de generar lazos de cariño y responsabilidad con los hijos y la pareja. Ambos recorren la sangre con el orgasmo y hacen que cuando acabemos tengamos una sensación de fusión completa con el otro, que contribuirá en gran medida en establecer esos vínculos que permitirán a ambos compartir tiempo y atención para los niños. De esta manera, la locura del amor romántico se transforma en un sentimiento de calma, seguridad y unión con una pareja de larga duración. Pero la felicidad no es eterna.

La monogamia tiene fecha de caducidad. Los últimos datos los sitúan en unos 4 años, es decir, que existe una tendencia universal a cambiar de pareja al cabo de este tiempo. Se ha comprobado que una mujer de una sociedad primitiva actual sólo puede dar a luz en un plazo de 4 años después del último nacimiento. Nuestro cuerpo nos dice de esta manera que es hora de buscar un nuevo amor para tener nuevos hijos. Estamos hechos para tener parejas una tras otra, e hijos variados para que puedan reproducirse entre sí. Según esto somos mucho más liberales que lo que creíamos hasta ahora.

A mí me sorprendió como todos los “sentimientos” que al principio parecen como señaladores inequívocos de un “verdadero amor” son simples efectos del a química. En especial me maravilló lo del sistema de recompensa, porque su acción abarca más que este fenómeno químico amoroso. Personalmente me tomé esta ciencia muy en serio, y sin duda cuando tengo que dar consejo acerca de si salir con alguien o no, conmigo mismo inclusive, tengo muy en cuenta que lo que yo llamo amor no es sólo química: si bien es normal que se dé al principio, no debemos tirarnos al precipicio por “sentir” esto.

8 comentarios »

  1. Así es, la química del amor puede sonar compleja pero nos dice objetivamente el círculo de adaptación del amor diferentes circunstancias, por algo no somos máquinas pero sentimos y lo vivimos.

    Comment por ernesto — Sábado 19 Julio, 2008 @ 6:02 am

  2. Hola, encontré una errata en la transcripción de la entrevista que ví por televisión:
    “Hombres.­ Temen una infidelidad sexual por el miedo ancestral a criar unos hijos que sean suyos”
    frase correcta:
    “Hombres.­ Temen una infidelidad sexual por el miedo ancestral a criar unos hijos que NO sean suyos”
    un saludo.

    Comment por carlosgas — Miércoles 27 Agosto, 2008 @ 11:58 pm

  3. Gracias carlosgas, ya está corregido. Qué fallo jajaja, de todos modos el sentido era evidente así que espero no haber creado confusión entre los lectores de la entrada con la errata. Muchas gracias de nuevo.

    Comment por Rafael Gálvez Vizcaíno — Jueves 28 Agosto, 2008 @ 12:05 am

  4. [...] hombre es un ser celoso especialmente con respecto al cuerpo. Tal y como señalo en La química del amor, el cuerpo de una mujer es para el hombre algo muy importante y personal por aquello de la [...]

    Pingback por Amar sincera y personalmente « Folium Rafa — Viernes 5 Diciembre, 2008 @ 12:46 pm

  5. Hola, soy estudiante de psicología y precisamente estoy haciendo un trabajo sobre este documental. Me ha servido tenerlo escrito, gracias por publicarlo. El motivo de mi comentario es que he encontrado una errata en la parte de la ruptura:
    “la pasopresina y la obsitocina, que son las responsables de generar lazos de cariño y responsabilidad con los hijos y la pareja.”
    Las hormonas son -vasopresina- y -oxitocina-. Sé que para alguien que no las ha estudiado resulta difícil transcribirlas :)

    Comment por Lis — Domingo 18 Enero, 2009 @ 1:33 pm

  6. Hola Lis:

    Muchas gracias, ya está corregido. ¡Me alegra que te sirva!

    Comment por Rafael Gálvez Vizcaíno — Domingo 18 Enero, 2009 @ 2:46 pm

  7. ¿Dónde se encuentra la dopamina? ¿En qué comestible? ¿Hay pastillas, o cómo puedo adquirirla? ¿Sirve para incentivar extra a otra persona para el sexo, además de seducirla?

    Comment por Francisco — Miércoles 24 Junio, 2009 @ 8:07 pm

  8. Yo no conozco la respuesta a tus preguntas, Francisco, pero seguro que hay sitios en la Internet que te ayudan a conseguirlas.
    De todos modos, yo me inclinaría a pensar que la dopamina no es comestible directamente (luego no habrá pastillas), pero que sí que sirve para incentivar a la otra persona para el sexo además de seducirla.

    Comment por Rafael Gálvez Vizcaíno — Miércoles 18 Noviembre, 2009 @ 2:25 pm


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