Folium Rafa

Martes 22 Julio, 2008

Dos clases de miedo

Archivado en: Mi filosofía — Rafael Gálvez Vizcaíno @ 10:47 am

Una de las mayores preocupaciones del ser humano es cómo dominar el miedo, cómo hacer para que éste no haga daño ni desvíe nuestras vidas. Cuando una persona siente miedo, todo su alrededor cambia, su percepción es completamente diferente a la que tendría con una visión natural, positiva, sin miedo. Por ello, muchas veces no somos capaces de tomar las decisiones adecuadas en situaciones en las que el miedo es muy palpable.

¿Cómo podríamos combatir este hecho tan frecuente en nuestras vidas? Se tiende a decir que lo mejor es no tener miedo a nada, que simplemente obviemos y tratemos de olvidar eso que nos provoca miedo, o incluso que nos engañemos y nos convenzamos de que no tenemos miedo. Yo propongo otra manera que a mí personalmente me funciona: ¿por qué no analizar este miedo, descubrir lo que en realidad hay en nuestro corazón y las repercusiones que eso tiene en nuestra vida?

Pensando esto, se me ocurrió distinguir dos clases de miedo, en función de su origen:

  • Origen real: este tipo de miedo es beneficioso, al menos a largo plazo, para nuestras vidas. Nos ayuda a tomar caminos adecuados mediante el descarte de aquel que marca el miedo en sí. Una característica primordial es que no ha sido provocado por la persona misma, sino que es una reacción directa de nuestro corazón provocada por un hecho objetivo. Si podemos comprobar que no hay nexo de pensamiento entre el hecho real y la reacción con miedo, entonces tenemos la posibilidad de elegir un buen camino.
  • Origen inventado: este es el miedo más común, el que más asalta nuestras débiles mentes. Consiste en proyectar un miedo arraigado en nosotros mismos gracias al aparcamiento o a la incapacidad para resolverlo en un hecho similar al que lo provocó en primera instancia. Se puede identificar claramente porque no tiene ningún fundamento objetivo dentro de la nueva situación, y es difícil de asumir porque contradice algo que con el paso del tiempo ha sido convertido en verdad por decreto. Sin embargo, la ayuda de los amigos es muy positiva para deshacerse de él. Su consecuencia directa es que te marca el camino por el que tienes que seguir, por lo general detrás de ese arraigo se encuentra una verdad incómoda de asumir que en la nueva situación se convierte en decisiva para el siguiente paso del camino (de ahí que vuelva a aparecer el miedo).

La conclusión más importante a la hora de empezar a trabajar con nuestros miedos es que todos nos ayudan: unos nos dicen por dónde podemos tirar y otros por dónde no debemos tirar. Por esto, no hay que tener miedo al miedo (jejeje) sino afrontarlo con capacidad de análisis y sobre todo de síntesis: nuestra vida no está compuesta de hechos aislados, sino que todo confluye en un mismo sentido.

Para acabar, como experiencia personal decir que esta distinción a mí me ha funcionado y me ha posibilitado ayudar a amigos y amigas. En ocasiones es difícil distinguir entre ambos tipos de miedo, pero lo que no podemos hacer es callarnos a nosotros mismos o callar ante lo que queremos decirle al otro, porque si lo hacemos nace en nosotros otro hecho arraigado que provoca un miedo inventado. ¡Ah! Y esto no quiere decir que los miedos sean buenos: yo creo que en una vida feliz el miedo no existe, pero para llegar a ser felices hay que caminar con todo el equipaje.

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