Después de un buen tiempo sin escribir, hoy aprovecho un día de descanso que me doy y escribo sobre este tema que me gusta lo suyo: el futuro y el ahora. Con esta entrada espero poder expresar lo que pienso de la frase “vivir el momento” y también del tiempo en cuanto a momentos. Espero hacerlo bien.
Cuando aprendí en 1º de Bachillerato la principal idea del amigo Parménides mi mundo intelectual explotó. Tenía tantas implicaciones esa presunta obviedad expresada en “el ser es y el no ser no es” que se me abrió un campo totalmente nuevo para mí; de hecho, aún hoy me da que pensar. Una de las ramas que tocó es la del tiempo. La supuesta inmutabilidad del ser que se puede razonar de la frase anterior me hizo preguntarme la idea de… ¿y el tiempo, qué es? Primero pensé en el cambio, ¿qué es el cambio? Porque si el cambio no existe, entonces el tiempo ¿qué sentido tiene? Desde esta idea redefiní mi palabra “cambio” viniendo a decir que un cambio es un simple descubrimiento de algo que siempre ha sido pero que hasta el momento de captarlo no ha influido en mí conscientemente. Es interesante porque desde este punto de vista podemos evolucionar la idea de tiempo como más bien un conjunto de momentos los cuales se suceden unos a otros y que están intrísicamente relacionados; y entonces, ¿a qué viene lo de los segundos, minutos, horas, días, meses, años, décadas, etc.? Al menos desde mi experiencia personal el tiempo tiene mucha más realidad si lo asumo como momentos y no como medidas arbitrarias deducidas científicamente.
Un ejemplo claro es el de los recuerdos. Nosotros no nos acordamos de “tal día a tal hora pasó tal cosa”, sino “el día en que yo estaba pensando tal, o me había pasado cual, pasó esto”. La fecha es accesoria, y sólo en momentos muy importantes cobra relevancia a modo de celebración especial (aniversarios, claro ejemplo). Yo para explicar esto acudo a otra de mis bases, la frase “no estoy solo”, y recuerdo algo que he aprendido en lo que llevo de carrera estos años: el ser humano en nuestra sociedad actual necesita convenciones para convivir. Las horas son sólo eso, convenciones para poder decir “quedamos en tal sitio a tal hora” y no “cuando sientas que te apetece, ven a tal sitio”.
Sin embargo, en mi imaginación la sociedad perfecta se regiría por un tiempo como el de la última frase. ¿Por qué? Es simple: todos haríamos lo que quisiéramos en todo momento, luego si yo quiero quedar contigo y tú quieres quedar conmigo podríamos simplemente ir y el otro estaría también ahí en poco tiempo porque ambos tendrían una inquietud común que los uniría en el espacio-tiempo (me pongo físico jajaja). Parece una locura, pero aquí pongo un ejemplo de lo que podríamos entender como una aproximación al modelo que sugiero: en mi grupo, en las convivencias, hace tiempo que decidimos no repartirnos las tareas para fregar, recoger, etc. La decisión surgió en un campo de trabajo (si mal no recuerdo) debido al increíble ambiente de compañerismo que vivíamos. Todos ayudábamos sin que nadie nos dijera “tú haz esto, tú aquello”; éramos lo suficientemente listos como para ver dónde podía ayudar yo mejor y colaborar ahí inmediatamente (en doble sentido jejeje, inmediato de tiempo e inmediato de “sin mediación”). A mí me maravilló, me sentí tan bien… y el resto también. Y no hace falta ser el hombre más maduro del mundo para vivir esto, nosotros teníamos no sé si 16 ó 17 años.
¿Qué os parece? ¿Os lo podéis imaginar? Hacer siempre lo que queremos realmente, y regir el tiempo de esta manera, por intuición, por consciencia. Pero evidentemente no es fácil, al menos en la actualidad. De hecho, hay problemas mucho más importantes para nuestro hoy que pensar en cómo conseguir algo de este tipo. Y una de esas cosas es el tan manido “vivir el momento”. Con la idea del tiempo como conjunto de momentos (podéis aplicar el sentido matemático a la palabra conjunto, para visualizar la intersección, la simetría, etc.
) podemos obtener una nueva perspectiva de esta frase.
Yo creo que cuando la gente dice esto nos referimos más que a momentos, a instantes. “Vive el instante”, olvídate del resto, vive el ahora tangible (y digo tangible). Para mí, hablando así estamos equivocándonos porque dividimos algo que no es dividible, con la consecuente pérdida de sentido que conlleva (ni el ser humano es su brazo, ni el todo es la suma de sus partes). Sin embargo, entiendo muy bien que nos dejemos llevar por algo así: necesitamos volver a empezar, tener la sensación de que nuestra vida es nuestra y de que llevamos el control. Pero si miramos esto radicalmente… en realidad es así cuando no tenemos el control. Yo defiendo una idea de vida completa, no de un mero instante, y que esta vida completa se rija por nuestros momentos. Si conseguimos hacer lo que queremos en el momento en que vivimos, la vida rueda sola porque los momentos se suceden naturalmente, sin que nosotros lo tengamos que provocar. Si vivimos el ahora tangible, al ahora que puedo tocar que vivo, me pierdo todo lo que me ha llevado hasta ahí y todo lo que quiero hacer después de ese ahora.
Para acabar, relación con el título. El futuro es el ahora intangible. Cuando vivimos momentos y no instantes, podemos captar el futuro y viviro en tanto que cada instante es pasado y futuro a la vez. Si no negamos la dimensión vital de nuestro instante, el futuro es nuestro y nuestra vida la dirigimos nosotros mismos.
Me ha encantado! Creo que tienes razón con lo del momento y no instante, yo también lo creo así… Una cosa que me hace pensar mucho es que cuando Jesús curó al paralítico le dijo que cogiese su camilla y andase, que tiremos hacia delante sin olvidar el pasado, es parte de lo que somos y es lo que nos hace ser como somos, y el futuro, nuestros sueños y nuestros planes nos ayudan a peregrinar, y no vagabundear, caminar sabiendo a donde vamos y con quien vamos… En serio, me has sorprendido!
Un beso!
Comment por Miri — Domingo 24 Mayo, 2009 @ 4:09 pm