Este texto nos lo dieron en la Pascua del 2006, y la verdad es que ahora que lo releía me ha gustado mucho. Espero que os guste, y si queréis haced algún comentario jejeje, que hasta ahora no hay ninguno jajaja.
Un saludo:
Rafa
Había una vez un monasterio que no marchaba muy bien. En otros tiempos los monjes eran casi cincuenta, pero ahora sólo eran doce. El abad estaba preocupado: pensaba que la vida que llevaban, trabajando y orando, estaba bien, pero faltaba algo. Así que decidió marchar a un viejo sabio, por si le podía aclarar qué era aquello que faltaba. Cuando llegó y le contó el problema, el sabio se quedó asombrado: “Qué curioso lo que me cuentas” – dijo “Supuse que vuestro monasterio iría maravillosamente, puesto que tenéis al mismísimo Señor entre vosotros.”
Cuando volvía, el abad estaba loco de contento. El Señor era uno de sus monjes, pero ni siquiera el propio monje lo sabía.
Cuando llegó al monasterio no dijo nada, pero se preguntaba quién sería el Señor. ¿Quién no cuidaría ahora con cariño del monje más viejo? ¿Y si era el Señor? ¿Cómo iba a regañar ahora al monje cocinero por haber dado el chorizo al gato? ¿Y si era el Señor? Así le pasaba con todos, incluso con él mismo. ¿Y si era el Señor y no lo sabía? Empezó a ser más comprensivo consigo mismo.
Un ambiente nuevo empezó a reinar en el monasterio. Era tan excepcional que la noticia del maor fraterno que había entre sus monjes se extendió por todas partes. Pronto muchos jóvenes quisieron disfrutar de aquel amor y de nuevo el monasterio marchó muy bien.