Folium Rafa

Jueves 5 Febrero, 2009

Perdón

Archivado en: Mi filosofía, Personal, Poesía — Rafael Gálvez Vizcaíno @ 9:31 am

Perdón por el ruido, perdón por las voces
perdón por el sigilo, perdón por ser un once
perdón por caer al precipicio, perdón por no saber levantarme.

Perdón por hacer y no decir, perdón por sufrir y no temer
perdón por entrar y no salir, perdón por reír y no socorrer
perdón por amar y no medir, perdón por compartir y no saber ver.

Perdón por mirarme a mí y no a ti, perdón por soñar y no sonreír
perdón por divertir y no trabajar, perdón por dormir y no recordar
perdón por morir y no levantar, perdón por cumplir y no disfrutar.

Perdón por mí, perdón por dudar
perdón por sufrir, perdón por aguantar
perdón por latir, perdón por olvidar.

Perdón por el ruido que puedo generar cuando fracaso, cuando me equivoco o cuando me callo.
Perdón por las voces que doy aunque esté callado, aunque sólo con la mirada manifieste mi desesperación.

Perdón por el sigilo, por no saber cuándo hablar o cuándo callar y camuflarlo con atención en el silencio.
Perdón por ser un once, por querer juntar dos unos en vez de sumarlos, por tener miedo a salir de mí mismo y ser simplemente feliz.

Perdón por mis caídas, por las veces en que fracaso y sólo miro hacia abajo.
Perdón por no saber levantarme, perdón por atarme a una pequeña estaca y creer que no puedo ser completamente libre.

Perdón por hacer y no decir, por querer salir solo y no querer pedir ayuda.
Perdón por sufrir y no temer, por tener siempre esperanza y vivir el sufrimiento como es y no como el miedo me obliga a vivirlo.

Perdón por entrar y no salir, perdón por querer estar en todas partes y por tener miedo a que me echen.
Perdón por reír y no socorrer, perdón por ser tan seguro y no poder ayudar a quien es inseguro.

Perdón por amar y no medir, perdón por querer dar el infinito sin pensar en que la otra persona necesita aún empezar a caminar.
Perdón por compartir y no querer ver, perdón por dar mucho y comprender menos de lo que debería lo que necesitan.

Perdón por mirarme a mí y no a ti, por creer que mi felicidad siempre lleva a la felicidad del resto porque siento que no busco la mía, sino la suya.
Perdón por soñar y no sonreír, por no dejar que la alegría guíe los momentos tristes y los tristes los momentos alegres.

Perdón por divertir y no trabajar, por aprender mucho y no deleitarme con el recuerdo, con el todo entero.
Perdón por dormir y no recordar, por ser más feliz por unos momentos y a la hora de levantarme empezar a olvidarlo.

Perdón por morir y no levantar, por fracasar y no ser capaz de reponerme, por dudar de los que me quieren ayudar a levantarme.
Perdón por cumplir y no disfrutar, por no aprobar los exámenes porque disfruté y aprendí sino por sentir una presión que me hace también suspender.

Perdón por mí, por todo lo que soy y en realidad nunca fui, por querer ser algunas veces quien no soy.
Perdón por dudar, por dudar de quién soy, de quiénes sois, de quién me quiere y de con quién puedo contar.

Perdón por sufrir, por no querer disfrutar cuando debía y por provocar sufrimiento innecesario a mi alrededor.
Perdón por aguantar, por aguantar el sufrimiento que por dentro me atormenta y que tengo miedo de mostrar por si me rechazan.

Perdón  por latir, perdón por no vivir la vida que se me regala.
Perdón por olvidar, por olvidar que amo y que no estoy solo,  por olvidar que la vida es sueño y que yo soy un regalo.

Domingo 25 Enero, 2009

Alegría escondida, muéstrate cercana

Archivado en: Poesía — Rafael Gálvez Vizcaíno @ 4:34 pm

Este poema se lo dedico a la chica que me ha recordado lo que es el amor en la vida.

En la quietud de la noche algo en mi interior se despierta,
algo que hacía mucho que dormía pero que a pesar de no querer yo
mi subconsciente ha provocado que vuelva.

Esa sensación de angustia, de tristeza, de impotencia plena acude
a mi corazón para recordarme que las decisiones se toman siempre
y por eso te ponen a prueba: nadie sabe cuándo ni cómo,
pero la verdad es que aunque puedan dar miedo al final cada momento compensa.

Cuando las nubes se tiñen de rosa ante la puesta de sol que emerge,
cuando la luna ya nunca se esconde porque el corazón siempre la tiene presente
es el momento de guardar fuerzas para los momentos de dificultad que
en un futuro no muy lejano te ayudarán a tocar el cielo con los dientes.

Cuando el amor crece y crece, también se manifiesta seguro y alegre.
Cuando el miedo vira y desaparece, también se esfuerza por no desvanecerse.
Cuando los sueños toman forma y se presentan como posibles, empiezan a abarcar
cada parte de una realidad en constante cambio que de alguna manera se resiste
a ser parte de un mundo más grande, de un mundo realmente sugerente.

En momentos como este sólo el corazón es capaz de no dudar, porque la cabeza
se olvida de lo que una vez quiso en el momento en que lo consigue. El corazón no olvida
porque sólo es un pequeño pozo en donde cuanto más crecemos más agua vemos, y las paredes
del pozo conocen tan bien la escasez del agua que cuando prueban el sabor de un pequeño
manantial no sólo no olvidan, sino que se entregan a la misma agua.

Los momentos angustiosos no son más que pequeños objetos que no nos dejan ver todo el agua
que tenemos debajo en el pozo, y para superarlos sólo tenemos que mirar hacia abajo y buscar
ese camino que una vez encontramos para superar otros objetos y tomar la decisión de
no dejarse llevar por el miedo sino más bien sentirse espoleado a mirar hacia el cielo y ver
que los sueños vuelven a ser realidad en tanto que amamos a quien nos sacia la sed del amor verdadero.

Para acabar, me gustaría dejar el enlace a una canción que quiero poner aquí para explicar cómo es ese camino que me permite empezar a hacer realidad el sueño de mi vida.

http://www.youtube.com/watch?v=fjL2HE1EliY

Jueves 13 Noviembre, 2008

Dos mundos, dos corazones

Archivado en: Poesía — Rafael Gálvez Vizcaíno @ 11:58 am

Dos polos, dos sexos,
dos padres, dos abuelos,
dos personas, dos secretos…

Dos sonrisas, dos deseos,
dos sentidos, dos sueños,
dos amigos, dos besos.

Como dos manos unidas,
como dos mundos paralelos
dos corazones caminan
y dos realidades suspiran al convertirse en sueño.

Cuando dos mundos se combinan,
inevitables, ante la fuerza de un corazón amante,
sólo una cosa puede ocurrir sin que nadie
sepa cómo pararle:

Amar es darse, y el corazón amante extraerá
hasta su última gota de sangre por una simple
razón: si no lo hace, su vida sería suya, sabiendo,
porque ya lo ha vivido antes,
que en verdad no se pertenece sino que
se muere por fundirse en uno con el corazón
amado y anhelante.

Dos sonrisas, dos deseos,
dos sentidos, dos sueños,
dos amigos, dos besos.

Y así, sin quererlo, las dos sonrisas se fundirán en dos
deseos; los dos deseos serán dos sentidos, dos vivencias, dos momentos,
y éstos se transformarán en dos sueños para que los que empezaron
siendo solamente amigos se entreguen, por fin, en dos besos sinceros.

Dos besos que no son dos, dos bocas que no son dos, dos
sentimientos que no son dos: los labios unidos, los cuerpos
fundidos, no son dos sino uno y el mismo: no tiene
sentido hablar de dos besos porque no son sino uno
perfecto, increíble, verdadero.

De la misma manera dos mundos opuestos pueden
fundirse en uno: cuando el uno sin el otro deja de tener
sentido, como los dos besos, podemos decir que esas dos
palabras tan escuchadas no mienten, no se equivocan, al decir
que no son dos palabras sino una sola.

Una vez alguien me dijo: el amor todo lo puede.
Hoy, por fin, soy yo quien lo afirmo, sin riesgo a caerme:
el amor todo lo puede.

¿Llegar lejos? Caminemos y veamos hasta dónde llegamos.
Si nos preocupamos por algo, confiemos: el amor
nunca hará daño, y yo… en fin, qué decir, quizás simplemente
TE AMO

Entradas siguientes »

Blog de WordPress.com.